viernes, 20 de septiembre de 2013

EL DÍA QUE MURIÓ LA VIDA



EL DÍA QUE MURIÓ LA VIDA

Se trata de un opúsculo terminal e inconcluso en el que el autor, un total descerebrado, conmemora y relata el día que la vida dejo de vivir.

Comienza así:

El día había amanecido con aspecto tristón y deprimido aunque nadie pareció darle importancia porque bastante tenían con lo cotidiano, no podían ni querían imaginar lo que iba a suceder; al parecer el autor sí que lo presintió, lo sintió, lo anuncio y se lo dijo a todo el mundo que pasaba por su lado, que era muy poca gente, en concreto fueron 7 ninguno de los cuales le prestó atención,  ya que apenas eran las ocho de la mañana y hacia frio y los 7 estaban de mal humor.

El caso es que aproximadamente a las 11 de la mañana apareció de improviso en la TV del estado el presidente, junto al gobernador y unas pocas autoridades más para decir que con harto dolor de corazón tenía que prescindir de la vida de todos los animales vivos con la excepción de unos pocos miembros del partido que le ayudarían a él, a su familia, a sus allegados y al cura de familiar, a recuperar la decencia y la dignidad, para él y para todo el pueblo llano.

Sin embargo las cosas no fueron exactamente como el presidente presumía y pretendía sino que en ese momento o un poco después (algunos cronistas establecen la hora 11h 32 m 44 s GMT) la vida se extinguió para todos y al autor apenas le dio tiempo para escribir “arrea está llegando me cagúen la leche que put…

miércoles, 19 de junio de 2013

SAMPEDRADAS PROPIAS



Si ahora es así, el país es así, la gente es así. La clase política y dominante, los referentes sociales han perdido por completo algo muy importante han perdido la dignidad. 


Cuando no se tiene sentido de la dignidad uno no se siente responsable y aún menos culpable de sus actos, de sus palabras, de sus silencios, de sus mentiras.


Cuando a Bárcenas se le interroga por vez primera afirma que él no tiene cuentas en Suiza y cuando se descubre que es mentira y le preguntan de nuevo el responde que dijo que no tenía cuentas en Suiza porque no se sabía que tenía cuentas en Suiza y por lo tanto debía negarlo y añade enfáticamente ¿es de sentido común no?.

La ausencia de dignidad de tal individuo queda manifiesta por su razonamiento. Para el mentir era un acto de lógica razonada y según él razonable. Una cosa de sentido común.


Se trata de un ejemplo de carencia de dignidad, uno más, cometido por un miembro destacado de esa secta de gente indigna que son los miembros del partido popular que gobiernan España.


Bárcenas es, todos lo son, incapaz de sentir o pensar que ha hecho lo que no se debe hacer, es incapaz de reconocer que no se está haciendo así mismo sino todo lo contrario, se está deshaciendo (dañando) como ser humano. Los políticos han perdido, si alguna vez lo tuvieron que seguro que sí, cuando niños o jóvenes, la dignidad. 


El sentido de la dignidad es algo tan diamantino, es un eje tan esencial de la personalidad, tan inherente al ser humano. Que ellos no reconocen su carencia porque ello les anula como seres colectivos que viven en una comunidad. Y se reúnen, aíslan y se agrupan en su indigna “dignidad” ofendida.


La dignidad tiene que ver con uno mismo con su actitud ante sí mismo y también ante los demás, uno puede disimularse así mismo pero no engañarse y menos engañarse permanentemente, por eso tratan de convencer y convencerse de que son dignos como muestra el ejemplo siguiente.


Recuerdo que en el triste espectáculo del único y lamentable debate preelectoral entre Rubalcaba y Rajoy que el primero dijo algo, no recuerdo que ni a que se refería, que provoco una reacción en Rajoy que exclamó “airado” respondiendo algo así “como eso no lo consiento a usted”. Al parecer se sentía ofendido en su “dignidad” ese valor que Rajoy cree poseer y no posee. Se trata de una persona y un personaje indigno en su diamantina definición.


Recientemente también Rajoy ha declarado enfáticamente que él no ha llegado a la política para hacer dinero o para enriquecerse no recuerdo bien (aunque a la política no se llega, a la política se va, se orienta uno y enseguida el político percibe que la dignidad en política es una referencia necesaria pero no es un valor a practicar y si se tiene se pierde o se borra). 

Luego se ha sabido que las percepciones económicas oficiales de Rajoy han sido intensamente complementadas con bastante dinero, que no se sabe de dónde ha salido).

El señor Rajoy es un hombre sin dignidad como el señor Bárcenas (¿de dónde han salido los 38 millones de euros que se sepa que posee?) y como ellos otras decenas de miles de personas que presumen si es pertinente de dignidad cuando son esencial y absolutamente indignas, carentes de todas y cada una de las condiciones de mérito entre ellas la dignidad.

Dignidad que hace que algunos, también muchos, seres humanos dejen su marca, su sello, su valor, su ejemplo como José Luis Sampedro un hombre digno y cabal, esencialmente humano, sabio, valiente y positivo del que me he aprovechado para escribir esta reflexión de todo a cien al hilo de un párrafo de su libro “Escribir es vivir” que estoy leyendo y aprendiendo. 

Una persona así y perdonen que se lo diga y recuerde no debería morir nunca por lo menos de nuestra memoria.   

lunes, 17 de junio de 2013

VENYMIRA MIRAYVEN

Silencio


LOS TIEMPOS QUE CORREN SIN SABER A DONDE



En el “Discurso de la Cordialidad” obra emblemática y desconocida (e inexistente) de un autor francés, escrita en el año 1937 en pleno auge del Reich alemán, escribe, previsor y orgulloso, la conocida y ocultada frase: “Prefiero vivir como alemán que morir como francés”. ¿De quién se trata?
 
Otra de las obras menores del desconocido autor Anónimo Boliviano es “Los lazos sagrados del enojo”, opúsculo donde el autor da rienda suelta a sus demonios y fantasías hasta llegar a afirmar que no hay nada más insólito y sobre todo egoísta que la fe virtud dominante sobre las otras dos, la esperanza y  sobre todo la caridad muy abandonada por los cristianos de cristo.

lunes, 4 de marzo de 2013

EXCESOS DE IGNOMINIA O EL SENTIR DE UN CIUDADANO ATURDIDO



Me pregunto y no hallo respuesta porqué tanta gente acepta como normal, o en el mejor de los casos como inevitable, lo que para algunos (¿Muchos?, ¿yo solo?) está mal, esencial y definitivamente mal.
¿Qué mecanismos de vida producen individuos como Bárcenas, Montoro, Rajoy, Mato (y tantos otros), por solo mencionar los más podridos de las más recientes podredumbres.

¿Que hay en su mente, en sus vivencias que les permite, justifica y les alienta a obrar así? Somos consecuentes y realistas afirmarán orgullosos, esto es política, esto es el mundo real. No las ensoñaciones de un ciudadano perplejo.

Por ejemplo la frase de Montoro (ya antigua) sobre “Dejar que España caiga que ya la levantaremos nosotros” es significativa y merecedora de diversas interpretaciones. Indica el sentido patrimonial de España que ese tipo de gente tiene genéticamente inoculado. Nosotros significa la propiedad, el dominio y la justicia de esa propiedad. También es (o fue intranscendente) su repercusión en los medios y en la sociedad.

La frase “No he cumplido con las (obsérvese la ausencia del yo y la alusión a genéricos: promesas, campaña, programa) promesas electorales pero he cumplido con mi (obsérvese la orgullosa identidad del yo, del mí, del Rajoy) deber. Pura y refinada técnica de manipulación y significado, al hilo de conceptos tan arraigados como patria, religión y decencia moral expresada con la contundencia moral del mendaz acostumbrado e impenitente.

Yo Mariano Rajoy Brey presidente del gobierno de España he cumplido -con harto dolor de mi corazón (pura mentira) con mi deber  de gobernante (y de tunante) por el bien de mi país ergo debéis recordar que deberéis volverme a votar (de momento  como buenos españoles que sois debéis aguantar los sacrificios es por v(n)uestro bien).  

Son dos frases que recuerdo me han impactado y dejado perplejo, pronunciadas por dirigentes políticos actuales que reflejan y expresan la carencia de sentimientos humanos.

Son frases que dañan que ofenden y que lastiman y también indignan  pero que marcan el devenir de un pueblo, de una nación

La aceptación o la indiferencia y también el desconocimiento de esas (y otras centenas de) frases similares orientan y explican parcialmente la enfermedad moral de este país, - en el que me toco nacer y vivir y del que me siento avergonzado, entristecido y al cual, si fuera factible, me gustaría renunciar para siempre-  aunque no responden a lo que en el inicio me preguntaba ¿Cómo y porque existen ese tipo de individuos?

Ellos (esos de los que hablo) al igual  que los “ingenieros ilustres compradores de voluntades, tahúres, jugadores de ventaja”.  Los ingenieros de caminos citados en la LdB (Lista de Bárcenas), mienten al desmentir,  sonríen y se burlan al observar la inanidad y la inacción del colectivo, se indignan y se ofenden y acaso se querellen enojados contra los que los denuncian, y la ley, que no la justicia, probablemente les dé la razón. 

No hay pruebas.  Y yo me pregunto ¿que son las pruebas? Y también me pregunto ¿qué clase de personas serán sus hijos? ¿Iguales a ellos o perores? ¿Tienen ellos corazón? o solo tienen el poder que da el dinero (nuestro dinero) estafado con adjudicaciones pactadas.    

Considerar que España es un estado de derecho es una ignominia, porque algunos (al menos yo)  percibimos la impunidad e inmunidad, la seguridad exultante de esos afortunados millonarios, de esos brillantes ingenieros,  de esos Colegiados de Honor, cuyo único destino merecido seria ser “colgados hasta morir”

lunes, 28 de enero de 2013

LA UTOPIA Y YO



El otro día tuve una discusión/conversación sobre la utopía.

Alguien durante el coloquio posterior calificó el documental “La educación prohibida”, (Germán Doin,  Argentina 121 min), un más que interesante trabajo sobre la educación, su práctica y sus modelos, como utópico.

Se trata de un documental de largo recorrido y amplio contenido, que recomiendo vivamente a todos y en especial a los educadores, profesores y -si queda alguno- a los maestros. Los buenos maestros que son aquello que te enseñan a ver y a reflexionar sobre lo que ves y lo que significa para uno mismo y para los demás dentro del respeto y la tolerancia.

Por eso cuando uno de los contertulios opinó que el documental era utópico, -aunque tal vez dijera, matizando para dejar un resquicio a la utilidad del documental, demasiado utópico.

¿Qué quería significar con eso?, que lo expuesto en el documental aunque deseable, era irrealizable, era un sueño, una utopía. Por lo tanto algo a desechar de su vida particular.
Y en ese momento tropezaron con mi rebelión, indignación. Ante ese adjetivo “utópico “el usuario del mismo, argumenta rotundamente que no es posible y renuncia a ello desde el mismo momento que pronuncia la palabra utopía, por mucho que aquello le guste o pudiera llegar a gustarle. DEBE RECHAZARLO Y LO RECHAZA. LO AISLA DE SU VIDA.

Mi argumento a favor de la utopía es sencillo, afirmo que se trata de una aspiración humana siempre presente en nuestro interior y que es tan necesaria e imprescindible, -primero dije, como el comer, luego matice el nivel de necesidad de la utopía, y finalmente comprendí que para muchos seres humanos el comer también era una utopía- para añadir que era tan necesaria como el amor, la amistad, la dignidad, la misma libertad, la piedad, el deseo, la sonrisa, las lágrimas, o también el cielo  y las estrellas. 

Pero volviendo al contexto del coloquio, diré que para mí la utopía forma y debe formar parte de todos los seres humanos.  Si te cercenan la utopía (y lo hacen con más frecuencia que la ablación del clítoris o la circuncisión. A qué tipo de diablos humanos se les ocurre imaginar y aún más practicar semejantes barbaridades)  y muchos la tienen cercenada (por la educación recibida) están desposeyendo al individuo de la capacidad de ayudar a transformar la realidad, la sociedad en la que vive y lo que es más lamentable a mejorarse  a sí mismo.

Ciertamente que vivir solo para la utopía es sencillamente una estupidez pero vivir sin la utopía es estar condenado a no comprender, a no tener en cuenta nada de lo que te rodea, ni a nadie de quien te rodea. A vagar por el mundo hasta la desaparición, sin haber existido.

La utopía es como el amor, que también es un sentimiento en desuso, en decadencia, que empieza  a  estar mal visto o reducido a pequeños reductos (amor de madre y poco más).

Ninguno entre los sistemas de poder vigentes quiere ni acepta que la utopía, el amor, ni tampoco el sentido común, ni la honradez o la honestidad formen parte, ni de la educación, ni de la vida, para así mantener el sistema podrido de gobierno  y de sociedad actual, que no tiene ni deja tener, -es más detesta y desaconseja, cuando no prohíbe-, en cuenta tantas cosas como el afecto, la respuesta sincera, ser buena gente, la mirada limpia y sus aliados el amor y la utopía.

La lucha será larga y muy dura por una parte la decencia, la dignidad, el amor,  la utopía y por otra parte la avaricia, el dinero, el poder y la ignorancia (que es al fin y al cabo ausencia de educación).

En esta batalla no hay seguro vencedor, lo que sí es seguro es que si gana el dinero y sus aliados (los gobiernos, los medios de comunicación, las iglesias y sus respectivas religiones), el ser humano tal y como lo conocemos y soñamos ahora desaparecerá de la faz de la tierra llevándose consigo cualquier rastro vida del planeta, y esto es para mí una certeza  y todo ello, y esto es solo una opinión, ocurrirá mucho más pronto de lo que imaginamos.

Para cerrar mi colaboración en este coloquio diré que para mí una forma de comprender la  utopía es haber leído (y releído) los libros de Guillermo Brown (Richmal Crompton, Lancashire, 1890-1969). Y si bien la utopía, como expresión de un hecho físico imposible, hubiera sido ser yo mismo y para siempre Guillermo Brown, la utopía como parte de la realidad de cada uno es haber sido Guillermo Brown mientras leía sus aventuras.

Quería explicar y explicarme  que uno debe ser capaz de asumir lo posible y lo imposible de la utopía y amarla y desearla (para así hacerla posible) pero sin extraviarse ni obsesionarse  ni hacerla exclusiva, -como hacen las religiones con Dios al hacerlo exclusivo y por tanto inhumano-, sino solo una parte más de nuestra existencia.