Se
trata de otro de los microrelatos de este pérfido escritor donde se expone, “con simplicidad
epouvantable” según escribió el autor, -donde con simpleza espantosa, escribe
este modesto cronista, (desgraciadamente asignado a glosar los escritos del
infausto autor, “qué maldita cruz señor”, debe recopilar los bodrios y las ideas
peregrinas y muchas veces repugnantes del promotor/creador del blog.
Perdonen
los lectores las interminables subordinaciones gramaticales y permitan dos
aclaraciones.
Cuando
el autor escribe simplicidad trata de potenciar su genialidad ya que la
simplicidad es la esencia de la pureza expresiva y del dominio del lenguaje.
Cuando
el autor escribe “èpouvantable” trata de primar su dominio (nulo) de diversas
lenguas, se cree y piensa que “èpouvantable” significa sensacional o grandiosa (en una segunda y menos conocida revisión de
la Resistencia de la Cobaya escribió
“ètonnantte”, pero el daño y el demerito ya estaba hecho) y cuando el
maligno relator le asigna atinadamente, el significado de espantoso a “èpouvantable”
y sustituye simplicidad por la simpleza.
Se
produce un pequeño terremoto o choquecillo de trenes entre el autor de la Resistencia de la Cobaya y el relator o
cronista obligado reseñar tan furibundo arrebato contra la dignidad de la
literatura.
Menos
mal que la Resistencia de la Cobaya
es breve de desarrollo y corta de ideas.
La cobaya
es el individuo medio de escasa o poco desarrollada masa encefálica nacido y
criado en España, que es sometido a sesiones de terapia donde se les inculca
principios básicos como dios existe, fuerza igual a masa por aceleración,
democracia igual a voluntad popular, confíe en nosotros que somos superiores y pague
impuestos que los necesitamos para crecer y sobre todo espere.
Las
técnicas mal explicadas y poco documentadas en la Resistencia de la Cobaya son bastante abstrusas y este cronista no
se siente capaz de explicarlas, ni de resumirlas sobre todo porque es la hora
del desayuno y el relator tiene hambre, al contrario que el autor ferviente partidario
de Mahatma Gandhi, o sea de ayunar y pasear descalzo.