domingo, 12 de enero de 2014

LA RESISTENCIA DE LA COBAYA



Se trata de otro de los microrelatos de este pérfido  escritor donde se expone, “con simplicidad epouvantable” según escribió el autor, -donde con simpleza espantosa, escribe este modesto cronista, (desgraciadamente asignado a glosar los escritos del infausto autor, “qué maldita cruz señor”, debe recopilar los bodrios y las ideas peregrinas y muchas veces repugnantes del promotor/creador del blog.

Perdonen los lectores las interminables subordinaciones gramaticales y permitan dos aclaraciones.

Cuando el autor escribe simplicidad trata de potenciar su genialidad ya que la simplicidad es la esencia de la pureza expresiva y del dominio del lenguaje.

Cuando el autor escribe “èpouvantable” trata de primar su dominio (nulo) de diversas lenguas, se cree y piensa que “èpouvantable” significa sensacional o grandiosa (en una segunda y menos conocida revisión de la Resistencia de la Cobaya escribió “ètonnantte”, pero el daño y el demerito ya estaba hecho) y cuando el maligno relator le asigna atinadamente, el significado de espantoso a “èpouvantable” y sustituye simplicidad por la simpleza.

Se produce un pequeño terremoto o choquecillo de trenes entre el autor de la Resistencia de la Cobaya y el relator o cronista obligado reseñar tan furibundo arrebato contra la dignidad de la literatura.

Menos mal que la Resistencia de la Cobaya es breve de desarrollo y corta de ideas.
La cobaya es el individuo medio de escasa o poco desarrollada masa encefálica nacido y criado en España, que es sometido a sesiones de terapia donde se les inculca principios básicos como dios existe, fuerza igual a masa por aceleración, democracia igual a voluntad popular, confíe en nosotros que somos superiores y pague impuestos que los necesitamos para crecer y sobre todo espere.

Las técnicas mal explicadas y poco documentadas en la Resistencia de la Cobaya son bastante abstrusas y este cronista no se siente capaz de explicarlas, ni de resumirlas sobre todo porque es la hora del desayuno y el relator tiene hambre, al contrario que el autor ferviente partidario de Mahatma Gandhi, o sea de ayunar y pasear descalzo.