El asunto criminal de Diana Quer es además de un delito de
violencia de género, una muestra evidente de la degradación moral de la sociedad
española y de sus instituciones, comenzando con la inutilidad manifiesta de la guardia
civil, siguiendo con el juez (creo que jueza) que cerró el caso sin haber sido
resuelto y terminando con el malvado y perverso tratamiento de los medios de comunicación
españoles a los que tanto gusta el morbo y la podredumbre, que tan bien
practican periodistas descerebrados sin alma, ni conciencia además de desalmados
sin cerebro, siempre obsesionados con la audiencia.
A lo largo del tiempo transcurrido desde su desaparición (prácticamente
un año y medio) sobre la victima Diana se han escrito todo tipo de barbaridades
muy especialmente en OK diario (aprovecho para recordar al lector el origen
del término OK que procede de comunicaciones entre militares para abreviar el
mensaje de sobre bajas en combate O KILLERS. Okey en inglés, Cero Muertos, en español)
donde mora y vomita el reputado difamador Eduardo Inda, repugnante individuo y en El Español donde habita otro de los periodistas más infames del cotarro
nacional Pedro J. Ramírez, ambos por
pluma propia o delegada en alguno de los paniaguados que trabajan para ellos, la
han llamado de todo menos bonita, desde puta a drogadicta, desde depravada a mala
hija, desde golfa a malvada y otros elogios de buena pluma y mala sangre
española.
Ambos medios son una muestra genuina y emblemática de la
basura periodística de la prensa española. Todo ellos sin desmerecer la infamia
de las cadenas de televisión Antena Tres, Cuatro, Telecinco y la Sexta (donde dicen
habita la progresía) dando de comer mierda a una audiencia insaciable y vergonzante.