Si ahora es así, el país es así, la gente es así. La clase política y
dominante, los referentes sociales han perdido por completo algo muy importante
han perdido la dignidad.
Cuando no se tiene sentido de la dignidad uno no se siente responsable y aún
menos culpable de sus actos, de sus palabras, de sus silencios, de sus
mentiras.
Cuando a Bárcenas se le interroga por vez primera afirma que él no tiene
cuentas en Suiza y cuando se descubre que es mentira y le preguntan de nuevo el
responde que dijo que no tenía cuentas en Suiza porque no se sabía que tenía
cuentas en Suiza y por lo tanto debía negarlo y añade enfáticamente ¿es de sentido
común no?.
La ausencia de dignidad de tal individuo queda manifiesta por su
razonamiento. Para el mentir era un acto de lógica razonada y según él
razonable. Una cosa de sentido común.
Se trata de un ejemplo de carencia de dignidad, uno más, cometido por un
miembro destacado de esa secta de gente indigna que son los miembros del
partido popular que gobiernan España.
Bárcenas es, todos lo son, incapaz de sentir o pensar que ha hecho lo que
no se debe hacer, es incapaz de reconocer que no se está haciendo así mismo
sino todo lo contrario, se está deshaciendo (dañando) como ser humano. Los políticos
han perdido, si alguna vez lo tuvieron que seguro que sí, cuando niños o jóvenes,
la dignidad.
El sentido de la dignidad es algo tan diamantino, es un eje tan esencial de
la personalidad, tan inherente al ser humano. Que ellos no reconocen su
carencia porque ello les anula como seres colectivos que viven en una comunidad.
Y se reúnen, aíslan y se agrupan en su indigna “dignidad” ofendida.
La dignidad tiene que ver con uno mismo con su actitud ante sí mismo y también
ante los demás, uno puede disimularse así mismo pero no engañarse y menos
engañarse permanentemente, por eso tratan de convencer y convencerse de que son
dignos como muestra el ejemplo siguiente.
Recuerdo que en el triste espectáculo del único y lamentable debate preelectoral
entre Rubalcaba y Rajoy que el primero dijo algo, no recuerdo que ni a que se refería,
que provoco una reacción en Rajoy que exclamó “airado” respondiendo algo así “como
eso no lo consiento a usted”. Al parecer se sentía ofendido en su “dignidad”
ese valor que Rajoy cree poseer y no posee. Se trata de una persona y un
personaje indigno en su diamantina definición.
Recientemente también Rajoy ha declarado enfáticamente que él no ha llegado
a la política para hacer dinero o para enriquecerse no recuerdo bien (aunque a
la política no se llega, a la política se va, se orienta uno y enseguida el político
percibe que la dignidad en política es una referencia necesaria pero no es un
valor a practicar y si se tiene se pierde o se borra).
Luego se ha sabido que
las percepciones económicas oficiales de Rajoy han sido intensamente
complementadas con bastante dinero, que no se sabe de dónde ha salido).
El señor Rajoy es un hombre sin dignidad como el señor Bárcenas (¿de dónde han
salido los 38 millones de euros que se sepa que posee?) y como ellos otras
decenas de miles de personas que presumen si es pertinente de dignidad cuando
son esencial y absolutamente indignas, carentes de todas y cada una de las condiciones
de mérito entre ellas la dignidad.
Dignidad que hace que algunos, también muchos, seres
humanos dejen su marca, su sello, su valor, su ejemplo como José Luis Sampedro
un hombre digno y cabal, esencialmente humano, sabio, valiente y positivo del
que me he aprovechado para escribir esta reflexión de todo a cien al hilo de un
párrafo de su libro “Escribir es vivir” que estoy leyendo y aprendiendo.
Una
persona así y perdonen que se lo diga y recuerde no debería morir nunca por lo
menos de nuestra memoria.
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