Ahora que los nuevos partidos, las formaciones
emergentes, empiezan a ocupar lugar y espacio en las Instituciones conviene,
interesa y entretiene dar pábulo y hablar de las Instituciones y de sus
ocupantes los Instituidos.
Vaya por adelantado que por lo general las Instituciones son bastante
deprimentes. Entrar en una Institución produce en la mayoría de los casos un
efecto contrario al esperado y deseado.
La Institución impone, arruga y cansa
muchísimo. Si uno se pone o se dispone a ser institucional está aviado y a la
larga un tanto averiado.
La Institución confiere estilo que muchas
veces se confunde con apariencia de dignidad.
A las Instituciones de va de Usted y con
corbata. En realidad a las Instituciones no se va, se asiste, y si no eres
Instituido se visitan.
Normalmente de sitúan en mansiones, palacios,
palacetes, casas solariegas, o alguna casa de lenocinio rehabilitada y otros
lugares de postín y relumbre.
Las personas que ocupan un cargo institucional
tienen casi siempre un aire riguroso nada espontaneo son, si es que no lo son
por naturaleza, obligados a ser serios a no permitir las bromas, chanzas,
chascarrillos con la Institución ni con el cargo.
Los instituidos siempre van con los hombros
cargados por el peso de la purpura que muchas ocasiones solo es purpurina y no
soportan la higiene del humor.
Les va el boato y a veces el maltrato ya se
recordará la soflama de la instituida Celia Villalobos
aquello “Manolo Coño”
reclamando con fervor su coche oficial.
Los instituidos de cierto nivel tienen un
cómodo coche oficial que les lleva y les trae y no tienen que aparcar ni echar
gasolina que para eso sirve ser un
instituido. La señora Barberá tiene (tenia) un Audi A8 blindado contra los
insultos y las blasfemias.
Los instituidos son instruidos por mor de la
belleza del poder, aunque bastantes no saben más que de prebendas y sonrisas a
sus votantes cuando los necesitan.
Muchos pronuncian bellaquerías que no se les
tiene en cuenta dada la importancia del cargo
El trato entre instituidos siempre es severo y
respetuoso, casi nunca personal
Son frecuentes diálogos como estos:
¿Cómo está Concejal?
Respondido por el aludido con un breve
Bien gracias
Y si el saludante es del mismo partido añade:
¿Y usted?, o ¿Y tú? , si son del mismo rango y
menester.
O un
¿Qué tal Ministro?
Saludo que estremece lo suyo y lo puede
ejercer poca gente y si el saludador es por lo menos Secretario de Estado o bien solo
funambulista, que tanto abundan.
El
ministro responde:
Ah, hola que tal
El máximo es:
Un hola Presidente,
Que significa respeto y reverencia, con un
leve matiz de envidia aunque el presidente no merezca reverencia sino
referencia a su ficha policial cuando deje el cargo
El Presidente no responde solo asiente o mueve
la cabeza (lamentando en su interior no saber sonreír ya que no fue una
condición que dios les concedió)
Y es que en las Instituciones hay mucha
envidia y prosopopeya.
Pero uno no puede ni debe dejarse llevar por
la prosopopeya como me ocurrió a mí
Recuerdo
que en mi caso, cuando saque la Plaza de Bedel de la Excma Diputación de León,
en casa hubo mucha prosopopeya, mi padre me abrazó con un fuerte abrazo, musitando a mi oído un débil “bien hecho hijo mío”, mientras mi madre tremolaba
unas lágrimas de orgullo y la abuela en la cocina preparaba una fuente de
buñuelos.
Aunque
rebelde como siempre no dure mucho en el cargo ya que me pillaron sobando a una Chica de la limpieza que estaba bastante mollar y eso iba contra las normas de
la Institución, así que me expedientaron y me des instituyeron y de la Chica de
la limpieza (no hay intención, ni falta de respeto, es que todo el mundo en
aquel entonces, las llamaban así) no volví a saber nada.
Pero dejemos los recuerdos personales y
sigamos con las Instituciones, ya que como es recordado siempre se dijo que “Después de Franco las Instituciones”, ingeniosa y acertada frase ya que con ellas
llenas a tope de subsidiarios franquistas se sigue, y lo que queda.
Tal vez sea mucho exagerar pero la verdad es
que el que no está en las instituciones no pinta nada en la vida ni en la
política, no existe.
Se debe añadir que pocos instituidos son
granjeros o carteros, (aunque estos llevan uniforme lo cual suele engrandecer
mucho el ánimo y el rol) o panaderos, o fruteros.
Todos estos humanos de poco pelo y sustancia
juegan en otra liga y los Instituidos importantes juegan en la “División de
Honor y de Importancia” y visitan los palcos de los campos de futbol e incluso
alguno los palcos del Teatro Real en la temporada de Ópera, aunque estos suelen
pertenecer principalmente, a la Institución de la “Real Academia de la Lengua y
el Desparpajo”. Enorme Institución donde los instituidos se despellejan entre
ellos con ingeniosos retruécanos mientras se tiran con disimulo pedos,
académicamente llamados “aires del culo”, mirando después reprobatoriamente y
con el ceño fruncido al sillón ocupado de su izquierda. Pero en una institución
así de pobre e importante la cosa no va mucho más allá.
Relumbran pero no dañan hasta que a un
sillonero se le designa Ministro o Duque de Alba.
Leyendas urbanas aseguran que varios
instituidos rebeldes y díscolos desaparecieron fagocitados en un breve regüeldo
por la Institución correspondiente mientras observaban y se burlaban de un gran
retrato del gran José María Aznar
inteligentemente colocado al lado de otro de la gran Esperanza Aguirre,
dos de los más grandes protolideres de la “Gran Derecha Nacional”.
Así que aviso a los nuevos recién instituidos
que se atengan a lo Institucionalmente Instituido por la correspondiente
Institución.
Que luego no se quejen de que no estaban
advertidos.
FIN DE
LA PRIMERA PARTE