Gobernar siempre encanalla, uno es uno antes
de gobernar y otro después de hacerlo. Siempre el “otro” es peor que el “uno”
que fue. Cosas del gobernar.
Algunos se encanallan más y otros menos, siempre son más
los que se encanallan más y son menos los que se encanallan menos. Es lo que
sucede entre canallas.
En
un sistema democrático el que gobierna debe de dar explicaciones, incluso en
una democracia tan falsa y ruin como la de España.
Aquí
el que gobierna se suele limitar a engañar, mentir y robar al gobernado. Lo
hace con descaro, desprecio y avaricia, tomando al gobernado por estúpido (lo
que muchos suelen ser) y por ignorantes (que suelen serlo mucho, en cantidad de
ignorancia y muchos más en cantidad de ignorantes).
También
el gobernante suele apoyarse en sus fieles (es decir, que tienen fe en lo que
dice y que no suelen ser demasiados) y
en los leales que son bastantes más y por razones diversas, la mayor parte de ellas
conspicuas y económicas.
Con
esos principios se gobierna, aunque se proclama con emoción y tronío y sin
ruborizarse que solo le interesa el “Interés General”, aunque se debería decir el
“interés del General”.
Generales
suele haber bastantes, aunque en España el importante y que gobierna después de
muerto y por delegación, es el que ustedes (si han llegado hasta aquí) suponen.
El
general Franco fallecido de muerte natural hace 40 años y sin embargo su
herencia, legado e impronta a, para y en los españoles, se ha transmitido
genéticamente y sigue presente y funcionando.
Aunque
muchos no lo vean, no lo crean, o no lo consideren.
El
término “franquista” tiene mala prensa, muchas connotaciones y ninguna buena;
casi ninguno de los franquistas se reconoce como tal y aún menos se proclama y
ufana de ello.
El
mal concepto que existe se debe a diversas causas y motivaciones. El franquista
puro ya no relumbra, se ha disfrazado de demócrata. No reivindica la Dictadura
de Franco ya que ese leguaje no gusta al pueblo llano al que le mola más el término
Democracia.
Por
ello es bueno recordar y remarcar las palabras que dijo el Presidente de las
Cortes. Alejandro Rodríguez Valcárcel (22 noviembre 1975).
Después
de hacer jurar al imberbe Borbón “por
Dios y sobre los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes
fundamentales del reino y guardar lealtad
a los principios que informan el movimiento nacional”, añadió concluyente “, Señores procuradores, señores
consejeros “Desde la emoción en el recuerdo a Franco: Viva el Rey, Viva España.
Emocionante
y terrible como se sella el destino de una nación.
Ya
el 22 de junio de 1969 Franco le había dicho al pueblo español “que vista las
condiciones que concurren en la persona del príncipe don Juan Carlos de Borbón
y Borbón He decidido proponerle a la patria como mi sucesor.
Ándale
tú que chulillo y que mandón era aquel señor.
Con
el Rey Juan Carlos de Borbón”, se comenzaba a escribir una nueva página en la misérrima,
triste y desafortunada Historia de España.
La
historia no se detiene y el tiempo aun lo hace menos, así que el muerto al hoyo
y el vivo al chollo.
En
definitiva se establece la vigencia de la sabia frase de Lampedusa: “Es
preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Y así ha sido y así sigue
siendo.
Mandan
los de siempre como, -por citar un ejemplo-, el inefable Banco de Santander que
sigue siendo el Banco de Santander, y que fue fiel servidor de la dictadura de
F y sigue siendo el mayor y más enriquecido banco de la democracia de R (y anteriores),
aunque en realidad es el botín de los Botines, rancia familia de toda la vida, tan
orgullosa de presumir de sus beneficios. Los mismos perros con diferente collar
y mucho más ricos.
También
sigue opinando y pontificando el ABC el periódico de siempre fundado en 1903
una época en la que no había nacido ni Jesucristo, y ya el día 2 de abril de 1939 su portada
anunciaba el día de la victoria (de Franco sobre la republica) y así hasta hoy
difamando mintiendo, engañando, disfrazando la verdad de mentira y la mentira
de verdad, en fin lo propio de esta gente triunfadora. Ser periodista en el ABC
es como ser una sucia rata en una cueva de hienas.
Se
comenzaba a diseñar la modélica transición española entre el miedo acumulado
(durante 40 años), la esperanza expectante y mal informada (por favor, que no
resucite) y la “nueva clase política formada por alevines y traidores.” Los unos
traidores a sus esencias y las obediencias debidas franquistas (el gran traidor
fue Fraga, un mal nacido de mala madre) y los otros traidores a sus principios socialistas
y comunistas y como seres humanos de defender y luchar por la dignidad, la
decencia, la justicia y verdad en la gobernación (Santiago Carrillo y Felipe
González, cada uno más canalla que el otro, dos grandes traidores, dos malos
españoles y dos deficientes morales). Esos tres personaje de la transición que
nunca debieron haber nacido, ni a la política, ni a la vida (pura basura
humana) instrumentaron (con la ayuda de otros especímenes) la transición y engañaron hasta la saciedad a la sociedad de
aquellos años esperanzadores, convulsos y desconcertantes, en los que el engaño
se convirtió en un arte y la indignidad en beneficio.
Pero
estamos en el año 2015 y han pasado 40 años desde la muerte de aquel señor, en
total 80 años, 40 de dictadura, 40 de engaño obligatorio y otros 40 de
democracia, 40 de engaño voluntario.
Durante
los 40 primeros se mataba mogollón con fusil y mosquetón y en los 40 segundos
se elimina al personal por la vía laboral y si molesta o no es leal se le excluye
con defunción moral. Franco mataba a lo bestia y ahora se destruye lo crucial, la
dignidad individual. Realmente no se cual es más despiadado si los fusilados
por Franco o los excluidos y estigmatizados por la democracia PPPSOE.
Parecerá
un sofisma, pero no lo es. Aquel era más
franco se mataba al rojo, este más hipócrita se elimina al pobre, emigrante o
nacional.
La
vida no es como nos contaron es como unos gobernantes miserables nos la montaron.
Por
ningún motivo o estimulo deseo gobernar.
En
estas ocasiones en que redescubro quien soy y quien he sido, siempre recuerdo aquella
preciosas estrofas del poema del gran Manuel Alcántara “De mí una guitarra”
“Cuando termine la muerte,
si dicen: "¡A
levantarse!",
a mí que no me despierten”.
“Que
por mucho que lo piense,
yo
no sé lo que me espera
cuando
termine la muerte”.
Cuando termine la muerte
a mí que no me
despierten.
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