martes, 9 de octubre de 2012

INFINITO SEGUNDA TOMA



Hacía ya un par de días que no me daba una vuelta por el infinito, así que me fui un par de días y regrese. Al final tuve que estar tres y ahora pienso que alguno de los sencillos lectores que hayan tenido la oportunidad y el interés por leer la primera entrega. Le habrán venido a la mente algunas preguntas sobre el infinito.

¿Cómo puedo llegar? Refiriéndose a él mismo. Como llegó usted?, refiriéndose a mí. ¿Qué pasa en el infinito?, ¿Hay algo ahí? ¿Se está bien en el infinito? ¿Hay muertos? ¿Hay guerras? ¿Hay tristeza? ¿Hay políticos productores de miseria como aquí? ¿Y la gente que está allí puede volver aquí? ¿Ha visto a Einstein por allí? 

Y muchas, muchas, muchas otras, que reflejan las preocupaciones y los intereses de una gran cantidad de gente infeliz con este lado de la realidad. Como decía las preguntas son muy numerosas ya que el infinito  es muy amplio. 

Por mi parte les diré que voy allí cuando me aburro aquí. Mi aburrimiento es muy particular ya que requiere abundantes y largos y sonoros bostezos, repetidos  y repetidos bastantes veces hasta que ya estoy realmente aburrido. Entonces me digo ¿Qué hago aquí aburriéndome? Justo en ese momento me viene a la cabeza el algoritmo de acceso al infinito y me voy para allá. Recuerdo la emoción y la alegría de la primera vez, pero iba a decir que el algoritmo es tedioso e increíble de imaginar ya que combina las bellas artes con la pornografía, la literatura  con los números primos, la cerveza con las demandas gubernamentales y diez o doce parejas de delicias innumerables. De las que no me acuerdo porque ahora cuando  escribo han pasado tres días que he dedicado al infinito y estoy de regreso en casa y además me está prohibido acordarme porque tengo muy mala memoria.

Al infinito como tal no se le pueden preguntar cosas directamente. Por ejemplo no se le puede interpelar bruscamente diciéndole oiga Infinito  ¿está usted solo en este universo  o hay más universos y más infinitos?. Nunca contestara, formulada así el Infinito se enfada y no responde. Estar en el infinito requiere  mucha paciencia y destreza para no ofender pero nadie se mete contigo.

De nuevo la urgencia de la llamada merienda y la hora solar me indican que debo cesar ya y sucede que realmente tampoco en esta ocasión les he contado nada del infinito.

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