Hacía ya un par de días que no me
daba una vuelta por el infinito, así que me fui un par de días y regrese. Al
final tuve que estar tres y ahora pienso que alguno de los sencillos lectores
que hayan tenido la oportunidad y el interés por leer la primera entrega. Le habrán
venido a la mente algunas preguntas sobre el infinito.
¿Cómo puedo llegar? Refiriéndose a
él mismo. Como llegó usted?, refiriéndose a mí. ¿Qué pasa en el infinito?, ¿Hay algo ahí? ¿Se está
bien en el infinito? ¿Hay muertos? ¿Hay guerras? ¿Hay tristeza? ¿Hay políticos productores
de miseria como aquí? ¿Y la gente que está
allí puede volver aquí? ¿Ha visto a Einstein por allí?
Y muchas, muchas, muchas
otras, que reflejan las preocupaciones y los intereses de una gran cantidad de
gente infeliz con este lado de la realidad. Como decía las preguntas son muy
numerosas ya que el infinito es muy
amplio.
Por mi parte les diré que voy allí
cuando me aburro aquí. Mi aburrimiento es muy particular ya que requiere abundantes
y largos y sonoros bostezos, repetidos y repetidos bastantes veces
hasta que ya estoy realmente aburrido. Entonces me digo ¿Qué hago aquí aburriéndome?
Justo en ese momento me viene a la cabeza el algoritmo de acceso al infinito y me voy para allá. Recuerdo la emoción
y la alegría de la primera vez, pero iba a decir que el algoritmo es tedioso e increíble de imaginar ya que
combina las bellas artes con la pornografía, la literatura con los números primos, la cerveza con las
demandas gubernamentales y diez o doce
parejas de delicias innumerables. De las
que no me acuerdo porque ahora cuando
escribo han pasado tres días que
he dedicado al infinito y estoy de regreso en casa y además me está prohibido
acordarme porque tengo muy mala memoria.
Al infinito como tal no se le pueden
preguntar cosas directamente. Por ejemplo no se le puede interpelar
bruscamente diciéndole oiga Infinito ¿está
usted solo en este universo o hay más
universos y más infinitos?. Nunca contestara, formulada así el Infinito se
enfada y no responde. Estar en el infinito requiere mucha paciencia y destreza para no ofender
pero nadie se mete contigo.
De nuevo la urgencia de la llamada
merienda y la hora solar me indican que debo cesar ya y sucede que realmente
tampoco en esta ocasión les he contado nada del infinito.
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