miércoles, 19 de junio de 2013

SAMPEDRADAS PROPIAS



Si ahora es así, el país es así, la gente es así. La clase política y dominante, los referentes sociales han perdido por completo algo muy importante han perdido la dignidad. 


Cuando no se tiene sentido de la dignidad uno no se siente responsable y aún menos culpable de sus actos, de sus palabras, de sus silencios, de sus mentiras.


Cuando a Bárcenas se le interroga por vez primera afirma que él no tiene cuentas en Suiza y cuando se descubre que es mentira y le preguntan de nuevo el responde que dijo que no tenía cuentas en Suiza porque no se sabía que tenía cuentas en Suiza y por lo tanto debía negarlo y añade enfáticamente ¿es de sentido común no?.

La ausencia de dignidad de tal individuo queda manifiesta por su razonamiento. Para el mentir era un acto de lógica razonada y según él razonable. Una cosa de sentido común.


Se trata de un ejemplo de carencia de dignidad, uno más, cometido por un miembro destacado de esa secta de gente indigna que son los miembros del partido popular que gobiernan España.


Bárcenas es, todos lo son, incapaz de sentir o pensar que ha hecho lo que no se debe hacer, es incapaz de reconocer que no se está haciendo así mismo sino todo lo contrario, se está deshaciendo (dañando) como ser humano. Los políticos han perdido, si alguna vez lo tuvieron que seguro que sí, cuando niños o jóvenes, la dignidad. 


El sentido de la dignidad es algo tan diamantino, es un eje tan esencial de la personalidad, tan inherente al ser humano. Que ellos no reconocen su carencia porque ello les anula como seres colectivos que viven en una comunidad. Y se reúnen, aíslan y se agrupan en su indigna “dignidad” ofendida.


La dignidad tiene que ver con uno mismo con su actitud ante sí mismo y también ante los demás, uno puede disimularse así mismo pero no engañarse y menos engañarse permanentemente, por eso tratan de convencer y convencerse de que son dignos como muestra el ejemplo siguiente.


Recuerdo que en el triste espectáculo del único y lamentable debate preelectoral entre Rubalcaba y Rajoy que el primero dijo algo, no recuerdo que ni a que se refería, que provoco una reacción en Rajoy que exclamó “airado” respondiendo algo así “como eso no lo consiento a usted”. Al parecer se sentía ofendido en su “dignidad” ese valor que Rajoy cree poseer y no posee. Se trata de una persona y un personaje indigno en su diamantina definición.


Recientemente también Rajoy ha declarado enfáticamente que él no ha llegado a la política para hacer dinero o para enriquecerse no recuerdo bien (aunque a la política no se llega, a la política se va, se orienta uno y enseguida el político percibe que la dignidad en política es una referencia necesaria pero no es un valor a practicar y si se tiene se pierde o se borra). 

Luego se ha sabido que las percepciones económicas oficiales de Rajoy han sido intensamente complementadas con bastante dinero, que no se sabe de dónde ha salido).

El señor Rajoy es un hombre sin dignidad como el señor Bárcenas (¿de dónde han salido los 38 millones de euros que se sepa que posee?) y como ellos otras decenas de miles de personas que presumen si es pertinente de dignidad cuando son esencial y absolutamente indignas, carentes de todas y cada una de las condiciones de mérito entre ellas la dignidad.

Dignidad que hace que algunos, también muchos, seres humanos dejen su marca, su sello, su valor, su ejemplo como José Luis Sampedro un hombre digno y cabal, esencialmente humano, sabio, valiente y positivo del que me he aprovechado para escribir esta reflexión de todo a cien al hilo de un párrafo de su libro “Escribir es vivir” que estoy leyendo y aprendiendo. 

Una persona así y perdonen que se lo diga y recuerde no debería morir nunca por lo menos de nuestra memoria.   

lunes, 17 de junio de 2013

VENYMIRA MIRAYVEN

Silencio


LOS TIEMPOS QUE CORREN SIN SABER A DONDE



En el “Discurso de la Cordialidad” obra emblemática y desconocida (e inexistente) de un autor francés, escrita en el año 1937 en pleno auge del Reich alemán, escribe, previsor y orgulloso, la conocida y ocultada frase: “Prefiero vivir como alemán que morir como francés”. ¿De quién se trata?
 
Otra de las obras menores del desconocido autor Anónimo Boliviano es “Los lazos sagrados del enojo”, opúsculo donde el autor da rienda suelta a sus demonios y fantasías hasta llegar a afirmar que no hay nada más insólito y sobre todo egoísta que la fe virtud dominante sobre las otras dos, la esperanza y  sobre todo la caridad muy abandonada por los cristianos de cristo.

lunes, 4 de marzo de 2013

EXCESOS DE IGNOMINIA O EL SENTIR DE UN CIUDADANO ATURDIDO



Me pregunto y no hallo respuesta porqué tanta gente acepta como normal, o en el mejor de los casos como inevitable, lo que para algunos (¿Muchos?, ¿yo solo?) está mal, esencial y definitivamente mal.
¿Qué mecanismos de vida producen individuos como Bárcenas, Montoro, Rajoy, Mato (y tantos otros), por solo mencionar los más podridos de las más recientes podredumbres.

¿Que hay en su mente, en sus vivencias que les permite, justifica y les alienta a obrar así? Somos consecuentes y realistas afirmarán orgullosos, esto es política, esto es el mundo real. No las ensoñaciones de un ciudadano perplejo.

Por ejemplo la frase de Montoro (ya antigua) sobre “Dejar que España caiga que ya la levantaremos nosotros” es significativa y merecedora de diversas interpretaciones. Indica el sentido patrimonial de España que ese tipo de gente tiene genéticamente inoculado. Nosotros significa la propiedad, el dominio y la justicia de esa propiedad. También es (o fue intranscendente) su repercusión en los medios y en la sociedad.

La frase “No he cumplido con las (obsérvese la ausencia del yo y la alusión a genéricos: promesas, campaña, programa) promesas electorales pero he cumplido con mi (obsérvese la orgullosa identidad del yo, del mí, del Rajoy) deber. Pura y refinada técnica de manipulación y significado, al hilo de conceptos tan arraigados como patria, religión y decencia moral expresada con la contundencia moral del mendaz acostumbrado e impenitente.

Yo Mariano Rajoy Brey presidente del gobierno de España he cumplido -con harto dolor de mi corazón (pura mentira) con mi deber  de gobernante (y de tunante) por el bien de mi país ergo debéis recordar que deberéis volverme a votar (de momento  como buenos españoles que sois debéis aguantar los sacrificios es por v(n)uestro bien).  

Son dos frases que recuerdo me han impactado y dejado perplejo, pronunciadas por dirigentes políticos actuales que reflejan y expresan la carencia de sentimientos humanos.

Son frases que dañan que ofenden y que lastiman y también indignan  pero que marcan el devenir de un pueblo, de una nación

La aceptación o la indiferencia y también el desconocimiento de esas (y otras centenas de) frases similares orientan y explican parcialmente la enfermedad moral de este país, - en el que me toco nacer y vivir y del que me siento avergonzado, entristecido y al cual, si fuera factible, me gustaría renunciar para siempre-  aunque no responden a lo que en el inicio me preguntaba ¿Cómo y porque existen ese tipo de individuos?

Ellos (esos de los que hablo) al igual  que los “ingenieros ilustres compradores de voluntades, tahúres, jugadores de ventaja”.  Los ingenieros de caminos citados en la LdB (Lista de Bárcenas), mienten al desmentir,  sonríen y se burlan al observar la inanidad y la inacción del colectivo, se indignan y se ofenden y acaso se querellen enojados contra los que los denuncian, y la ley, que no la justicia, probablemente les dé la razón. 

No hay pruebas.  Y yo me pregunto ¿que son las pruebas? Y también me pregunto ¿qué clase de personas serán sus hijos? ¿Iguales a ellos o perores? ¿Tienen ellos corazón? o solo tienen el poder que da el dinero (nuestro dinero) estafado con adjudicaciones pactadas.    

Considerar que España es un estado de derecho es una ignominia, porque algunos (al menos yo)  percibimos la impunidad e inmunidad, la seguridad exultante de esos afortunados millonarios, de esos brillantes ingenieros,  de esos Colegiados de Honor, cuyo único destino merecido seria ser “colgados hasta morir”

lunes, 28 de enero de 2013

LA UTOPIA Y YO



El otro día tuve una discusión/conversación sobre la utopía.

Alguien durante el coloquio posterior calificó el documental “La educación prohibida”, (Germán Doin,  Argentina 121 min), un más que interesante trabajo sobre la educación, su práctica y sus modelos, como utópico.

Se trata de un documental de largo recorrido y amplio contenido, que recomiendo vivamente a todos y en especial a los educadores, profesores y -si queda alguno- a los maestros. Los buenos maestros que son aquello que te enseñan a ver y a reflexionar sobre lo que ves y lo que significa para uno mismo y para los demás dentro del respeto y la tolerancia.

Por eso cuando uno de los contertulios opinó que el documental era utópico, -aunque tal vez dijera, matizando para dejar un resquicio a la utilidad del documental, demasiado utópico.

¿Qué quería significar con eso?, que lo expuesto en el documental aunque deseable, era irrealizable, era un sueño, una utopía. Por lo tanto algo a desechar de su vida particular.
Y en ese momento tropezaron con mi rebelión, indignación. Ante ese adjetivo “utópico “el usuario del mismo, argumenta rotundamente que no es posible y renuncia a ello desde el mismo momento que pronuncia la palabra utopía, por mucho que aquello le guste o pudiera llegar a gustarle. DEBE RECHAZARLO Y LO RECHAZA. LO AISLA DE SU VIDA.

Mi argumento a favor de la utopía es sencillo, afirmo que se trata de una aspiración humana siempre presente en nuestro interior y que es tan necesaria e imprescindible, -primero dije, como el comer, luego matice el nivel de necesidad de la utopía, y finalmente comprendí que para muchos seres humanos el comer también era una utopía- para añadir que era tan necesaria como el amor, la amistad, la dignidad, la misma libertad, la piedad, el deseo, la sonrisa, las lágrimas, o también el cielo  y las estrellas. 

Pero volviendo al contexto del coloquio, diré que para mí la utopía forma y debe formar parte de todos los seres humanos.  Si te cercenan la utopía (y lo hacen con más frecuencia que la ablación del clítoris o la circuncisión. A qué tipo de diablos humanos se les ocurre imaginar y aún más practicar semejantes barbaridades)  y muchos la tienen cercenada (por la educación recibida) están desposeyendo al individuo de la capacidad de ayudar a transformar la realidad, la sociedad en la que vive y lo que es más lamentable a mejorarse  a sí mismo.

Ciertamente que vivir solo para la utopía es sencillamente una estupidez pero vivir sin la utopía es estar condenado a no comprender, a no tener en cuenta nada de lo que te rodea, ni a nadie de quien te rodea. A vagar por el mundo hasta la desaparición, sin haber existido.

La utopía es como el amor, que también es un sentimiento en desuso, en decadencia, que empieza  a  estar mal visto o reducido a pequeños reductos (amor de madre y poco más).

Ninguno entre los sistemas de poder vigentes quiere ni acepta que la utopía, el amor, ni tampoco el sentido común, ni la honradez o la honestidad formen parte, ni de la educación, ni de la vida, para así mantener el sistema podrido de gobierno  y de sociedad actual, que no tiene ni deja tener, -es más detesta y desaconseja, cuando no prohíbe-, en cuenta tantas cosas como el afecto, la respuesta sincera, ser buena gente, la mirada limpia y sus aliados el amor y la utopía.

La lucha será larga y muy dura por una parte la decencia, la dignidad, el amor,  la utopía y por otra parte la avaricia, el dinero, el poder y la ignorancia (que es al fin y al cabo ausencia de educación).

En esta batalla no hay seguro vencedor, lo que sí es seguro es que si gana el dinero y sus aliados (los gobiernos, los medios de comunicación, las iglesias y sus respectivas religiones), el ser humano tal y como lo conocemos y soñamos ahora desaparecerá de la faz de la tierra llevándose consigo cualquier rastro vida del planeta, y esto es para mí una certeza  y todo ello, y esto es solo una opinión, ocurrirá mucho más pronto de lo que imaginamos.

Para cerrar mi colaboración en este coloquio diré que para mí una forma de comprender la  utopía es haber leído (y releído) los libros de Guillermo Brown (Richmal Crompton, Lancashire, 1890-1969). Y si bien la utopía, como expresión de un hecho físico imposible, hubiera sido ser yo mismo y para siempre Guillermo Brown, la utopía como parte de la realidad de cada uno es haber sido Guillermo Brown mientras leía sus aventuras.

Quería explicar y explicarme  que uno debe ser capaz de asumir lo posible y lo imposible de la utopía y amarla y desearla (para así hacerla posible) pero sin extraviarse ni obsesionarse  ni hacerla exclusiva, -como hacen las religiones con Dios al hacerlo exclusivo y por tanto inhumano-, sino solo una parte más de nuestra existencia.

lunes, 5 de noviembre de 2012

CUARTA RONDA



Me piden insistentemente pruebas de la existencia del infinito, o por lo menos del infinito tal y como lo estoy narrando, relatando, contando o palabreando y debo decir que pruebas documentales  con fórmulas, ecuaciones y algoritmos  no puedo ofrecer, tengo un alumno, bueno ex alumno porque ya no soy docente, ni tampoco discente, sino excente, por eso no sé de quién, ni qué son o significan, ni si se pueden aplicar para ir al infinito las ecuaciones siguientes:
xy=k2; a2+x2=ky; x2+y2+2ax+2by=c2; a2-x2=ky2,
donde k,a,b,c. Son unas constantes cualesquiera.

Aquí se las dejo por si les sirven.

De entrada debo decir que allí no se puede ir a  experimentar, si uno no ha  hecho una cosa antes, en este lado, no puede ir al infinito a hacerlo: 

Si por ejemplo nunca ha saltado en paracaídas no puede ir allá convertirse en un Alain Grippé  que fue el francés primer saltador del mundo en paracaídas que realizó, como buen francés, un primer y único salto ya que el paracaídas al abrirse se desparramó el popelin del que estaba hecho se rompió y el bueno de Alain se mató.
O si, como es mi caso, nunca le han sodomizado, no puede ir al infinito a probar la sodomía  a ver si le gusta. Si por el contrario es usted un sodomita frecuente no tendrá ningún inconveniente en practicarla. Activa o pasiva  eso al infinito le da igual. 

Podría poner muchos ejemplos más, pero se me hace tarde y va a llegar la hora.  

Una tarde estaba paseando tranquilamente por el infinito cuando me vino a la mente la palabra Natzweiler, no sabía que era ni a que correspondía pero había aparecido en mi memoria por algún razón. No podía hacer nada por el momento porque en el infinito no hay Internet, ya he dicho, y ampliaré más adelante, que el infinito era un lugar, por llamarlo de alguna manera, muy especial. Y no había internet y no se podía hacer nada salvo regresar del infinito a casa, pero hacia una tarde muy agradable y muchas cosas por ver en el infinito.

Dos de las cuestiones más interesantes y a la vez complejas del infinito se relacionan con sus fronteras  o bordes y sobre el uso del tiempo en el infinito. Para comprender esto último se puede y se debe acudir a la monumental y criptica obra de Ferdinand Tresset de Montagui y Alain Resnais Simpson (no confundir con el cineasta) profesores eméritos de la universidad de Harvard, multicondecorados por sus avances sobre la erradicación de la peste bubónica, equivocadamente llamada Peste negra, en el Sudan Oriental único lugar del mundo donde quedaba una buena cepa; Su conclusión más importantes se refiere a su demostración inapelable sobre que no se debe en confundir infinito con eternidad. INFNOET (Infinito no eternidad) es su lema, o también CIESUPREL (Ciencia Superior Religión). En primer lugar demostraron que el término y concepto infinito tiene un origen y desarrollo científico (véase Euler y sus tablas infinitesimales) y el termino eternidad tiene origen y significado religioso. En fin asuntos de los científicos que me he limitado a reproducir.

No es  fácil pero en cierta ocasión tuve la fortuna de encontrarme con un “infinito” individuo nacido y perteneciente toda su existencia al infinito, sus hijos se llaman también infinito y son seres sin acceso al otro lado de la frontera (la vida normal) y por lo general no se dejan ver ni se relacionan con los “otros”, ni que decir tiene que los otros somos nosotros, los de este lado.

Otro de los asuntos  que más interesan o preguntan los interlocutores que consideran interesante escuchar mis observaciones o mis respuestas a sus preguntas sobre el infinito y sus características físicas, es el clima. ¿Y cómo es por allí el clima? Habrán observado el fino escepticismo de mis interlocutores al designar como “allí” al infinito. No hubiera sido mucho más sencillo preguntar directamente ¿Cómo es el clima en el infinito? Bien, en mi condición de observador conocedor del infinito puedo responder pedantemente. El clima en el infinito es HOMOGENEO, ISOTROPO, ELASTICO Y LINEAL. Y que cada lector u oyente se quede con su propia interpretación de la respuesta clara que he dado.

Pues bien tal vez debería añadir que en el infinito no hay SOL, de veras que no. Allí el cielo es permanentemente  de un color  gris claro o gris perla. Como no se pueden sacar fotos. Insisto no se trata de una medida represiva como sucede en este lado. Sencillamente allí no funciona ningún aparato ni sistema que dependa de la electricidad. No se pueden sacar fotos no hay tele, ni radio, aunque abunda el papel y la impresión y difusión de periódicos. También hay cine que se proyecta mediante sistemas manuales o mayoritariamente mecánicos. No hay una producción de cine propia del infinito, todo el cine que se puede ver procede del otro lado. Y Hay gente, como por ejemplo yo que la importa, el sistema es sencillísimo y eficiente abierto a todos con total libertad y consiste en mencionar por cualquier medio incluido el pensamiento el título de la película: Inmediatamente pasa a estar disponible en el SIDCI, siglas de Sistema Integrado de Cine del Infinito.
   
 Son corteses y educados nunca se soliviantan y si, como fue el caso, se encuentran de frente con alguien del otro lado preguntón e insistente como yo le atienden con cortesía y resignación hasta que el preguntón o interrogador se cansa y los infinitos quedan libres de ir a su  casa con su familia o a donde les pete en ese momento.  Una de sus afirmaciones más frecuentes es “Las mejores desgracias son las que no ocurren”, ¿No cree Usted? Te dicen mirándote desde la profundidad infinita de sus ojos grises.
Pero me acaece lo de siempre que ya va siendo costumbre o manía, según deseen pero lo cierto es que me llaman a merendar.