martes, 23 de agosto de 2011

EL CEBO Y EL CABO


Se trata de otra de las obras apenas conocida de un autor desconocido que no se encuentra en librerías ni de nuevo ni de viejo y para la que tampoco aparece ninguna referencia en Internet principalmente por la razón de que no está escrita todavía. (a fecha de hoy).

Hacer una crítica, reseña o sencilla mención de una obra no escrita todavía resulta una tarea ingrata y gratificante y a pesar de la antinomia se debe indicar que ella expresa perfectamente el deseo del autor de no doblegar su criterio e independencia ante nada. Dejando primar siempre la voluntad y dedicación del comentador sin compromisos y v ataduras.

A pesar de todo “El Cebo y el Cabo”, titulada en ingles “The Cape and the Bait” ofrece algunos de los párrafos más importantes, seductores y arriesgados de la literatura reciente. Expone de forma magnífica la armonía entre el cuerpo y el espíritu con palabras como gavilán e hipocondriaco.

En uno de sus mejores capítulos narra la rebelión de los “Aparcadores”, seres celestiales encargados de guardar los cuerpos y los espíritus de cada hombre fallecido que, cuando la incineración de los muertos se constituyó en práctica común y mayoritaria, protestaron (en realidad se debería escribir expusieron sus quejas con educación) ante instancias superiores, se supone que se trataba algún arcángel, acerca de la enorme dificultad de recoger y preparar para la recomposición los restos polvorientos de cada individuo sin confundirse. Lo que, desde nuestra óptica terrenal y limitada, parece desde luego un asunto difícil y problemático a más no poder.

Según la leyenda las altas instancias decidieron, o por lo menos finalmente aceptaron, la propuesta de enviar un mensajero al Vaticano y otras Iglesias y Creencias para modificar las modalidades de la incineración o en último caso prohibirla: Para ello eligieron a un pastor de provincias llamado Matutino al cual aleccionaron de diversas formas, pero con escasos resultados (salvo la pérdida de dos o tres ovejas).

El autor concluye que Matutino no podía ser, ni de hecho fue, el hombre adecuado para tal menester. Aunque Matutino trató de llegar al Vaticano nunca lo logró y desde entonces un oscuro y permanente manto de silencio cubrió las actividades de los “Aparcadores”.

Posteriormente varios expertos y científicos de conocido relumbre han puesto en duda la posibilidad de recomposición debido al pequeño tamaño del grano del polvo y aseguran, con la fuerza del razonamiento científico, que cuando suceda la resurrección de la carne varios miles, sino millones, de resucitados quedarán malformados y con carencias cognitivas.

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