domingo, 18 de septiembre de 2022

VAYA AÑOS


En este época de guerras, pandemias  y desdichas varias han muerto a edad temprana dos de la figuras más emblemáticas de la literatura española.

En primer lugar la grandísima escritora Almudena Grandes (Madrid 7 mayo de1960-27 Noviembre 2021 y  ahora otro grande Javier Marías (Madrid 20 septiembre 1951-11 septiembre 2022) ambos escritores de novelas, historias, relatos, artículos de ficción y de opinión. Dos grandes autores merecedores de admiración y respeto.

Con lo difícil que es escribir y escribir bien aún más, historias y otros inventos .

Yo creo que ambos han muerto de pena y de rabia al ver su ciudad Madrid en manos de delincuentes políticos que además de representar la nueva y peor corrupción son dos memos inútiles, dos malvados y furiosos derechistas del pan “pringao” como son la presidenta  de la Comunidad de Madrid Isabel Diaz Ayuso (Madrid 1978)y el Alcalde de la ciudad José Luis Martínez Almeida,(Madrid 1975) los de la A, que junto con el corrupto empedernido el ínclito, deslenguado y descerebrado José María Aznar (Madrid 1953) reúnen lo peor de lo peor del PP nacional y madrileño. 

Como he escrito en un twit “mueren los mejores y los peores perduran” para desgracia nacional.

Marías sabia escribir y describir maravillosamente, su afilada pluma, su incisivo ingenio reflejaba en sus artículos la miseria de los abundante miserables de la España de hoy, de ayer y de siempre.

Ay este país de tantos y tantos canallas a todas horas y todo los días.

Por su parte Almudena sabia contar y narrar con su palabras sabias y sus ideas limpias y llenas de dignidad y decencia. Su gran obra inacabada “Episodios de una Guerra Interminable” es un fiel retrato de España, un país maltratado por todos sus dirigente desde los malhadados borbonés pasando por el mayor y más despiadado criminal, sátrapa y dictador nacido español Francisco Franco y todos sus sicarios, antiguos y actuales, reconocibles o conversos al régimen del 78 como Felipe González, Aznar y Rajoy tres delincuentes de alto nivel y tres ejemplares mayores de la indignidad e indecencia de la Gran Nacion Española.

Lo que damos por cierto es que a ninguno de los dos les satisfacía, ni de lejos, la sociedad del país que habitaban ni tampoco como es ahora la ciudad de Madrid en la que nacieron, vivieron y murieron.

Realmente lo único de verdad es que un caballo de carreras sabe seguro cuando ha ganado

 

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