Las películas actuales se ven hoy
y mañana se han olvidado, son historias de mirar y tirar. Productos para
consumir y evacuar.
Las películas de ayer (aunque
habría que examinar y analizar qué es y cuánto dura el ayer) tienen y mantienen
la magia de sus imágenes y de su presencia en la memoria y el alma del
espectador.
Las películas de ayer se vieron
en el cine (aunque más tarde pueden haberse vuelto a ver en la televisión) cuando
ir al cine era un acto decidido y decisorio y se iba a ver lo que se deseaba
ver.
Todo ello dentro de las coordenados
del tiempo de proyección y lo que se podía ver dependía de la degradada censura
y el degradante papel del censor.
Censor, que oficio tan triste. En
mi sentir es más noble ser verdugo que censor.
Se ha escrito bastante sobre la
censura durante la dictadura de Franco, pero se ha escrito poco, casi nada, sobre
los censores designados o voluntarios, algunos de ellos que todavía viven (en
el silencio de su vergüenza) y cuyos hijos, sobrinos o herederos politiquean
por el PP, el PSOE y Ciudadanos. Indignos en el pasado, lamentables en el presente.
Se debería elaborar una lista de
censores, profesionales, aficionados y voluntarios y saltarían muchas
sorpresas, Es de sobra conocido el nombre de Cela.
¿Saben o sospechan cuantos, de los
presentes figurantes, políticos, periodistas, magistrados, catedráticos,
funcionarios o tertulianos fueron censores o son hijos de censores?
Pero quien no ha visto y recuerda
películas como “El Mundo en sus Manos”
(The world in his Arms ,1952 ) con Gregory Peck y Anne Blith, “Fuego
en la Nieve” (The Batteground, 1949) con Van Johnson, “Centauros del Desierto” (The
searchers, 1956) John Wayne y Natalie Wood, “Con la
Muerte en los Talones” (North by Northwest,1959) Cary Grant y Eva Marie Saint o como no citar “El Apartamento” (The Apartment, 1960) .Jack Lemon y Shirley MacLaine.
Esta lista es personal y por lo
tanto insuficiente, limitada a una opinión, un recuerdo o un sentimiento.
Hay muchas otras películas que
debería haber mencionado, pero entonces incurriría en la injusticia, la ineficacia,
la desmemoria, o en el exagerado afán de erudición.
Las películas citadas no pueden
ser negadas, aunque debería haber otra muchas también afirmadas.
Pero uno corta por donde quiere
ya que tiene el privilegio de ser el autor y decidir. Uno es dueño de su lista
de películas o libros favoritos, lo mismo que es dueño y señor de sus simpatías
y antipatías.
Genios, Genios. Mágicos, Raoul Walsh, William Wellman, John Ford,
Alfred Hitchcock o Billy Wilder y tantos otros que siempre serán eternos en
la memoria cinematográfica de los ciudadanos y de los pueblos: Nadie podrá
mejorarlos y nadie podrá ni querrá olvidarlos.
Llenaron de luz y de ilusión a
las gentes e iluminaron las sombras de un país oscurecido, degradado y triste por
ser el último refugio del fascismo.
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