El autor conocido por sus allegados y un
pequeño grupo de fans como EL TITULADOR era
mini famoso por sus títulos
En casi todas sus obras brillaba o lucia
especialmente el titulo acertado, ingenioso, provocativo, sugerente, ideal pero cuando el lector iniciaba la lectura del
texto desaparecía cualquier motivación para seguir leyendo, el titulador naufragaba
en la literatura y alrededores ya que no era capaz de escribir, ni teatro, ni poesía,
ni ensayo, ni cuento, ni relato corto, ni anuncios de televisión, ni artículos de
periódico o semanario, ni guiones cinematográficos, ni ná de ná.
Era un torpe mediocre, jenízaro de buen
viento y oscuro depredador de las palabras a las que faltaba el respeto con
soberbia e impunidad.
Por eso cuando allá por 1960 u 1980 ya lo he
olvidado dio con el título de LA SUCESIÓN
DE LOS OLVIDOS no supo más que escribir:
Uno nace y olvida, crece y olvida, avanza por
los días despistado y olvida, estudia y se olvida, lee y olvida lo leído, olvida
los recuerdos de las cosas aprendidas, los acontecimientos vividos se oscurecen,
se diluyen en el tiempo como la sal en el agua y se olvidan y finalmente uno muere
y es olvidado.
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